COYUNTURALES

 
 

TODO POR UN “CULO” SOBRE EL DRAMA DE JESSICA CEDIEL

 

Estuvimos muy atentos al programa de especiales Pirry donde se mostró el drama por el que está atravesando la famosa presentadora Jessica Cediel. Nos interesa porque refleja claramente muchos de los fundamentos conceptuales que sustentan el oficio al que nos dedicamos. Visto este caso desde la Formación Afectiva, podemos aportar un análisis que le ayude a las personas a comprender esa tragedia que esta afectando a toda una generación de mujeres ávidas de aumentar su valor en el mercado de la carne femenina. Esperamos que este artículo contribuya con la prevención y les permita pensarlo dos veces a aquellas mujeres que ven como salida para mejorar su vida y su autoestima, gastar en sus cuerpos por encima  de invertir en sus cerebros.

Ha sido muy benevolente el Pirry al dejar una sensación de victima inocente en la figura de Jessica Cediel. Detrás de este drama se esconden mecanismos BioPsicoSociales que vistos desde cerca nos permite tener una mirada complementaria e identificar las causas de esta tragedia.

Empecemos por señalar que son tan responsables las que se someten a este tipo de procedimientos “estéticos”, como quienes están detrás de ese lucrativo mercado del “embellecimiento” artificial. A las primeras las mueve su vanidad; su biológica necesidad de acceder a los recursos reservados para aquellas mujeres que lucen cuerpos esculturales, como estrategia para ser compradas por un “generoso” proveedor que hace las veces de novio, amante o esposo fugaz; o para ser contratadas en oficios en los que ser “bellos” es un requisito sine qua non.  En ambas circunstancias se hace necesario tener unos protuberantes senos, unas contorneadas caderas, una cola llamativa y un rostro “agradable”. En el caso de los segundos, a éstos los mueve el salvaje egoísmo, un afán de lucro desmedido por encima de la salud de los demás.

La Psicologia Evolucionista nos enseña las estrategias sexuales predominantes que utilizan los hombres y las mujeres de nuestra especie para aumentar su eficacia reproductiva. Y el caso de Jessica Cediel es paradigmático de este hecho evolutivo.

Hombres y mujeres diferimos, en general, en los criterios para elegir pareja. Según lo relata David Buss, los hombres desarrollaron mecanismos para percibir las señales del valor reproductor subyacente a las mujeres, señales que incluían rasgos femeninos observables. Dos señales obvias son la juventud y la salud. Es evidente que una mujer vieja o enferma no podía reproducirse  tanto como una joven y sana. Los hombres solucionaron en parte el problema de hallar mujeres valiosas desde el punto de vista de la reproducción inclinándose por las jóvenes y sanas.[1]

La inclinación por la juventud es la preferencia masculina más evidente vinculada a la capacidad reproductora femenina. La lógica evolutiva conduce a un conjunto de expectativas aún más poderoso de normas universales de belleza. Del mismo modo que nuestros criterios para considerar que un paisaje es hermoso incluyen indicadores como la existencia de agua, caza y refugio –imitando el hábitat de la sabana de nuestros antecesores-, nuestras normas de belleza femenina se encarnan en indicadores de la capacidad reproductora. Puede que la belleza se halle en los ojos del espectador, pero esos ojos, y la mente que se encuentra detrás de ellos, han sido conformados por millones de años de evolución humana.[2]

Nuestros antepasados podían acceder a dos tipos de pruebas observables de la salud y juventud de una mujer; los rasgos de apariencia física (labios carnosos, piel clara y sin imperfecciones, ojos brillantes, pelo lustroso y buen tono muscular) y rasgos de conducta (vitalidad, paso joven, expresión facial animada y elevado nivel de energía). Estas señales físicas de salud y juventud, y por tanto de capacidad reproductora, constituyen los elementos de las normas masculinas de belleza femenina.[3]

Pero como también lo señala Buss, los hombres buscan mujeres atractivas como parejas no solo por su valor reproductor, sino también como señales de posición social para los competidores del mismo sexo y para otras posibles compañeras.[4]

Sin embargo, tener acceso a una mujer atractiva no es un lujo que cualquiera pueda darse. Esa es la razón por la que a los hombres les preocupa mucho la posición social, la reputación y las jerarquías, porque un rango elevado siempre ha sido un medio importante de adquirir los recursos que los hacen atractivos a los ojos de las mujeres. Pero la posición y los recursos que se poseen no siempre se pueden observar directamente, sino que hay que deducirlos de características tangibles. En los seres humanos, un conjunto de indicadores derivan de la ornamentación. Cadenas de oro, trabajos artísticos caros, coches de lujo, indican a ambos sexos una abundancia de recursos.[5]

Hasta este punto nos queda claro entonces que consciente de ello o no, Jessica Cediel y las mujeres de su estilo (que por fortuna no es el proceder de todas ellas) optan por hacer de su cuerpo su mejor activo. Por eso lo usan y abusan de él; porque saben que el mercado de la apariencia y los medios demandan cuerpos esbeltos, porque saben que un voluptuoso cuerpo es el tiquete de acceso a un hombre acaudalado; sea este empresario, político, deportista de alto nivel, hijo de papi y mami, e incluso cantante. Como es el caso de Jessica, cuyo novio es el famoso adolescente intérprete de música popular Pipe Bueno (a quien ella, le lleva diez años) algunos románticos e ingenuos dirán que en el amor no hay edad, pero a la luz de la Psicologia evolucionista, lo que hace la diferencia no son los años sino los recursos, y muy seguramente dicho cantante goza de ellos.

Mantenerse vigente en un mercado tan despiadado y superfluo lleva a la gran mayoría de estas mujeres a padecer de serios desequilibrios bioquímicos y por ende psicológicos. Cuando una persona decide hacer parte de dicho mercado, inevitablemente se expone a padecer de cuadros de estrés y ansiedad producidos por el incremento de hormonas como el cortisol, a raíz de la presión que supone el intentar mantener el control sobre dos aspectos que no están en sus manos: 1) el natural deterioro orgánico y por ende el envejecimiento reflejado en las arrugas, la caída del “pompis” de los “pechos” etc. Y 2) la feroz competencia de quienes vienen detrás suyo. En el primer caso se sabe que envejecer disminuye sus posibilidades, es decir reduce su demanda. Y en el segundo, en este campo no se valora la experiencia sino la apariencia. Y siempre las más jóvenes tendrán mejor aspecto y por lo tanto mayores oportunidades.

Pero la tragedia no termina acá. Todo lo anterior viene acompañado por un incremento en los niveles de Corticotropina y una disminución en los niveles de serotonina. La primera es la causante del miedo y la angustia. En lo que respecta a la serotonina, cuando ésta se reduce, trae como consecuencia la perdida de seguridad en si mismo, de tranquilidad, el aumento de la obsesión y la compulsión.

El que una persona esté dispuesta a pagar semejante precio por una ilusoria mejora en su calidad de vida, da cuenta de su precario desarrollo afectivo. La Psicologia Afectiva nos da una pista al respecto. Si Jessica Cediel hubiese desarrollado una habilidad afectiva tan importante como la Autovaloración, muy seguramente nunca se habría expuesto a semejante tortura y mucho menos estaría pasando por el drama que esta padeciendo.

Quien se autovalora se cuida y sobre todo, trabaja por tener una solida autoestima. Sabe que ésta depende de su buen desempeño en cada uno de sus roles vitales. Sabe que primero hay que sentirse bien consigo mismo para verse bien. Y no al contrario, como pretenden hacer creer quienes se lucran del mercado de la belleza que vende un rebuscado cuento según el cual “hay que verse bien para sentirse bien”. Falso!!! Y por esa falsedad es que tantas ingenuas mujeres han caído en manos de médicos estéticos inescrupulosos, y si las cifras de victimas no son más altas, no es por la falta de interesadas en someterse a algún procedimiento, sino precisamente por la carencia de recursos o en su defecto, de un “generoso y desinteresado” patrocinador que le financie su necesidad de “latonería y pintura”.

El caso de Jessica Cediel es simplemente una historia representativa de una cultura consumista que le rinde culto a la apariencia del cuerpo y a las cosas banales de la vida. Es el reflejo de una sociedad que crea ídolos de barro, que pone como ejemplo de “superación” a personajes que poco o nada hacen por el desarrollo de las personas, que por el contrario, contribuyen con su actuación a mantener vigente el espectáculo biológico y mediático. Un circo lleno de ideologías machistas, de discursos que explotan nuestros más básicos instintos. Por eso, en parte, somos un país de reinados, de modelitos, de traquetos, de loas al dinero fácil, tierra fértil para que peguen modas como el perverso reggaetón.

Ante esta realidad bien podríamos preguntarnos: ¿Qué merito puede tener alguien que basa su “progreso” en el tamaño de su cola, o de sus senos? ¿Qué tipo de mensaje se le está enviando a las nuevas generaciones de mujeres? ¿Son las modelos, precisamente modelos dignos de emular?

El documental del Pirry no fue solo una historia sobre Jessica Cediel. Su drama, es el drama de aquellas mujeres que no han logrado liberarse de sus condicionamientos biológicos; que han crecido en entornos culturales en los que quizá de forma inconsciente se les inculca prácticas que cosifican y mercantilizan el cuerpo femenino; que invierten su tiempo y energías en mejorar su figura y no en desarrollar sus talentos; que en no pocas ocasiones terminan siendo maltratadas y menospreciadas por aquellos que solo las ven como una propiedad mas. Como algo propio de una sociedad de consumo, como un producto que se puede usar y *tirar*.

 


[1] David Buss “La evolución del deseo: las estrategias del emparejamiento humano” Alianza Editorial.  Madrid, 2003

[2] Ibid pag 95

[3] Ibid pag 96

[4] Ibid pag 105

[5] Ibid pag 105

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