FORMADOR AFECTIVO

 
 

LAS LECTURAS DE UN FORMADOR AFECTIVO

 

La lectura para un Formador Afectivo no es una opción, es una obligación, pero más que eso debe ser una Pasión. Ahora bien, no solo leemos libros, también leemos afectos, roles, creencias, contextos, situaciones, intenciones. Para ser un Formador Afectivo hay que estar muy atento a lo que ocurre a nuestro alrededor;  Escuchar la Vida, Ver la Vida, Sentir la Vida, Degustar la Vida, Oler la Vida. Procesar toda esta información de la Vida para después convertirla en conocimiento útil sobre la Vida.

La Vida nos habla todo el tiempo, lo que pasa es que a veces somos necios y nos negamos a escuchar. Los mensajes están por todos lados, pero hay que aguzar los sentidos para poderlos comprender. Una conversación, un libro, una noticia, un aviso, una canción, lo repito, en toda parte hay mensajes. De modo que para un Formador Afectivo su materia prima por excelencia es la Vida misma.

Sin embargo, se requieren instrumentos para interpretar los mensajes de la Vida. Estos instrumentos son los conceptos. Y ¿dónde se encuentran estos? Digamos que estos se pueden hallar en la práctica y en la teoría. Los primeros se ven en la calle. Son conceptos en acción. Por ejemplo, en la época de la Alcaldia de Mockus se habló mucho de la cultura ciudadana. Uno podía ver en el comportamiento de las personas la influencia de este concepto. No botar basura al piso, respetar a los peatones, cruzar por la cebra, utilizar los puentes peatonales, en fin, muchas practicas que nos permiten ver los conceptos en acción. Si aprendemos a leerlos, por supuesto.

Los conceptos teóricos están en los libros. Pero también hay que aprender a leerlos (para esto la Pedagogía Conceptual es bastante útil). Hace unos días mientras conversaba con la Mincha, comprendí que mis lecturas textuales estaban guiadas por mi búsqueda de respuestas a tres preguntas: ¿Qué enseñar? ¿Por qué enseñar esas enseñanzas? Y ¿Cómo enseñarlas? Es decir, si nuestra Causa es la Formación de Personas Talentosas en el Arte de Vivir, Convivir y Supervivir, como Formadores Afectivos debemos tener muy presentes estas preguntas.

Esa reflexión me llevó a trazar un plan de lectura que contempla el estudio de 13 libros. Te los voy a compartir, a lo mejor te interese sumergirte en alguno de ellos.

Para responder a la pregunta ¿Qué enseñar? Me sorprendió constatar que en mi mente hay unos requerimientos muy puntuales, “casualmente” cuatro obras de un mismo autor: José Antonio Marina. La verdad estoy por creer la sentencia de Vargas Llosa, según él, “uno no elige los libros que va a leer, son ellos los que lo eligen a uno”. Así me siento. Y por eso he querido dejar constancia. Del Maestro Marina voy a leer “Ética para Náufragos”, “El Laberinto Sentimental”, “El Diccionario de los Sentimientos” y “El Misterio de la Voluntad Perdida”. Presiento que en este viaje encontraré muchas claves acerca del “Qué Enseñar”, del pensamiento de Marina y de mi mentor Miguel De Zubiría. Quien dicho sea de paso fue el que me presentó a este fundamental filósofo español.

Para responder a la pregunta del ¿Por qué enseñar esas enseñanzas? Me encontré con dos sociólogos: Ulrich Beck y Manuel Castells. Del primero daré cuenta de “El Normal Caos del Amor” y de “La Sociedad del Riesgo”. Del segundo, me alimentaré de su trilogía “La Era de la Información”. Estos dos autores me permiten complementar lo que ya hemos aprehendido con Alvin Toffler. A saber, las transformaciones sociales, económicas, políticas, culturales y tecnológicas que están ocurriendo a raíz del paso de una Sociedad Industrial a una Sociedad Informacional.

Y por ultimo, para responder a la pregunta del ¿Cómo enseñar? Mi mente me sugiere que explore la obra de dos autores fundamentales para la praxis de un Formador Afectivo: Lou Marinoff y Richard Sennett. Del primero exploraré los tres libros donde presenta el modelo de trabajo de la Filosofía Practica: “Mas Platón y Menos Prozac”, “Pregúntale a Platón” y “El ABC de la Felicidad” y del segundo, en este ciclo de lecturas estudiaré “El Artesano”. Texto que me permitirán sustentar con mayor profundidad la praxis artesana de un Formador Afectivo, y nos dará argumentos para la Configuración Organizativa de la COMUNIDAD FORMATIVA EL TALLER.

Estas son pues las lecturas de un Formador Afectivo, a medida que vaya estudiando estos textos te iré compartiendo mis aprendizajes, a lo mejor logre contagiarte mi entusiasmo por el Arte de la Formación Afectiva y quieras empezar el viaje para convertirte en uno de nuestros colegas. Si llega a ser así, ya sabes donde encontrarnos.

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EL FORMADOR AFECTIVO COMO UN CAZADOR RECOLECTOR

Los estudiosos de la evolución humana nos hablan de cuatro grandes periodos en el desarrollo de la humanidad. Primero, una larga temporada como nómadas Cazadores-Recolectores; luego, la población fue creciendo  y migrando hacia un estilo de vida más sedentario alrededor de la agricultura; después, surge la Revolución Industrial y con ella la posterior explosión demográfica en las ciudades; hoy, quienes vivimos en estos días, somos testigos de una nueva migración que teóricos como el sociólogo Manuel Castells han denominado como la Era de la Información o Informacionalismo. Y nuevamente la vida está cambiando drásticamente porque esta Era está siendo marcada por revolucionarias innovaciones tecnológicas e informáticas y por profundas transformaciones culturales, sociales, económicas y políticas. Sin embargo, y a pesar de los miles de años transcurridos desde nuestros tiempos como cazadores-recolectores, en el fondo seguimos comportándonos de forma muy similar, especialmente en lo que a la consecución de los Recursos Personales se refiere.

Nuestros lejanos antepasados se enfrentaban al desafío de la supervivencia con la rigurosidad de quien es consciente de que acceder a los recursos es una cuestión de vida o muerte. Un asunto vital. Ellos, cuya motivación principal era la búsqueda de alimentos, recorrían la Tierra cazando y recolectando lo que a su paso encontraban, y establecían asentamientos temporales teniendo como referencia los ciclos climáticos.

Una vez establecido el asentamiento, los hombres de la tribu salían a hacer sus faenas; se iban en grupos a cazar, a enfrentar el desafío de luchar contra otras especies. En el asentamiento quedaban las mujeres y los mayores, quienes se dedicaban a la recolección y a la Formación de los nuevos miembros de la tribu.

Cuando los hombres regresaban al asentamiento después de varios días de arduo trabajo, se dedicaban además de descansar, a otros menesteres; el juego, la danza, los ritos y otras practicas que fueron complejizando la mente humana. Es decir, no todo era Cacería, también sacaban tiempo para el Ocio, la sofisticación de sus herramientas, y la creación de otras nuevas.

Hoy, miles y miles de años después, esa minúscula población de la especie humana se ha multiplicado de una forma que asusta. Ya somos 7 mil millones y todavía seguimos Cazando y Recolectando, con una pequeña diferencia; la gran mayoría de miembros de esta especie gastan sus vidas en la mera búsqueda de recursos y en sus “tiempos libres” se dedican al consumo de actividades que promueven el ocio pasivo, el mínimo esfuerzo, simplemente dedicándose a satisfacer las demandas de sus genes y sus memes; motivo por el cual quedan atrapados en un Circulo Vicioso de mera supervivencia: comer, dormir, reproducirse (al menos aparearse) y morir. Viéndose comprometida, tarde o temprano, su Salud Afectiva.

Yo estoy de acuerdo con el psicólogo evolucionista Steven Pinker cuando afirma que “no todo tiempo pasado fue mejor”. Indudablemente seguimos evolucionando, sobre todo culturalmente, y gracias al trabajo que hoy hacemos, nuestros descendientes vivirán en sociedades más civilizadas, pero… (Siempre hay un pero) estos mejores tiempos no llegan por generación espontanea, hay que seguirlos cultivando, y cada nueva generación tiene la oportunidad de hacer su aporte a esta fabulosa Causa Humana. Aunque también tiene la tentación de obstaculizar dicho desarrollo y vivir su vida sin hacer nada productivo (ni siquiera para Si Mismos) o al servicio de hombres que ya no cazan alimentos, sino a otros hombres. Y cuando el hombre caza al hombre, la evolución de la humanidad se complica.

Por éste motivo es que el prestigioso psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi señala que “ninguna tarea es a la larga más importante que hallar una manera de desarrollar Yoes que apoyen la evolución. De ello depende el resto de consecuencias positivas. Si queremos contar con una historia, nuestras mentes deben estar preparadas para crearlas.”[1] Por eso es que debemos practicar una Crianza Formativa.

Personalmente he decidido caminar junto al primer bando. Entre otras razones porque estoy tomando conciencia de las reglas del juego de la Vida. Un juego en el que “algunos individuos siguen de forma casi exclusiva las instrucciones de su configuración genética o los dictados de la sociedad, con escasa o nula participación por parte de la conciencia. En el otro extremo del espectro están los individuos que desarrollan seres autónomos con objetivos que sobrepasan las instrucciones externas, viviendo casi exclusivamente según reglas autogeneradas. La mayoría de nosotros –señala Csikszentmihaly– operamos entre esos dos extremos”.[2]

Yo, he comenzado ha caminar en el segundo. Con los que queremos ofrecer nuestra existencia y poner nuestro cerebro al servicio de la Causa Humana. Aportar en esta empresa que se viene construyendo desde que el hombre es hombre. No quiero llevar una vida pasiva, ni al servicio de hombres cazadores de hombres que bajo disfraces altruistas, someten a otros miembros de nuestra especie para satisfacer solo sus intenciones particulares, las demandas de sus genes y sus memes egoístas.

Ahora estoy comprendiendo que ese sometimiento se hace a las “buenas”, o a las malas. En el primer caso se apela a la fuerza, se impone el miedo, el terror. Ahí están las dictaduras totalitarias y fundamentalistas que todavía nos muestran ese lado perverso de la naturaleza humana. Pero también, se puede someter al hombre a las “buenas”. Con sutiles ideologías esclavizantes, económicas, políticas, religiosas. Sistemas de creencias con mecanismos adoctrinantes tan efectivos que incluso tienen entre sus seguidores sus principales sostenedores y multiplicadores. Ellos mismos defienden sus cadenas.

Con mi Mincha hemos decidido interiorizar las mejores prácticas que el hombre ha desarrollado a lo largo de su evolución cultural. De los Cazadores-Recolectores aplicamos esa estrategia de salir a Cazar cada mañana. Eso quiere decir a divulgar, comunicar y multiplicar el mensaje de la Formación Afectiva en los Buses. Esta estructura básica la complementaremos con las demás actividades de Formación Afectiva que realizamos conjuntamente con la Mincha. Los cursos de Afectividad Humana en la Luis Angel Arango, las Orientaciones Afectivas, las conferencias y los talleres.

El propósito es acumular los Recursos Personales necesarios para patrocinar nuestra Actividad Creativa; leer, escribir, crear y conversar con la Mincha. En otras palabras, búsqueda intensa de recursos y producción intensa de contenido para publicar en nuestros blogs.

Nuestra tarea de Formación Afectiva empieza como Cazadores-Recolectores. Pero no cazaremos hombres sino recursos para la Causa, no recolectaremos solo metálico; también contactos, usuarios, experiencias positivas que nos proporcionen las reservas suficientes de energía (psíquica y material) para reducir nuestra actividad de Caza y pasar al siguiente nivel: el del Formador Afectivo como un Agricultor y preparador de Cazadores-Recolectores.


[2] Ibid, pag 51 la negrita es mía y lo hago para destacar ese hecho tan notable que tiene una consecuencia muy potente sobre nuestros modelos de Parejas Formativas, Crianza Formativa y Trabajadores Talentosos.

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