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DE SER “PSICÓLOGO” A HACER PSICOLOGÍA AFECTIVA

Foto: Mauricio Moreno / El Tiempo

La gente que tiene la oportunidad diaria de hacer lo que mejor sabe hacer –actuando en consecuencia con sus fortalezas- tiene más posibilidades de florecer”

Barbara Fredrickson

Empiezo mi carrera profesional como psicólogo  gracias a que un diploma me acreditó como tal. Hoy, con la perspectiva de los años y el conocimiento acumulado y complejizado, comprendo que cuando uno egresa de la facultad lo único que tiene de psicólogo es precisamente ese diploma, porque técnicamente hablando, la mayoría llegamos al mercado laboral sin saber hacer Psicologia; la prueba fehaciente de ello es que una vez egresados nos ponemos a buscar empleo en lugar de Trabajar, la diferencia entre ambas opciones es Vital.

En primer lugar, para emplearse basta con el diploma, un papel que uno compra en una institución legalmente autorizada para vender éste documento. Cabe decir que funciona como un contrato a 5 años que se renueva cada 6 meses. Una de las partes contratantes (el estudiante) se compromete a pagar una alta suma (esto depende del status de la marca en el mercado de los diplomas) y la otra (la institucion) a depositar en el cerebro del pagador una serie de ideas relacionadas con la Psicologia; para legitimar dicho contrato, el estudiante es sometido a evaluaciones periódicas que den cuenta de la memorización de las mencionadas ideas.

A la institucion poco le importa si el estudiante adquiere un dominio complejo o superfluo de esas ideas. Tan es así que se guía por un sistema de calificación en el que se establecen unos mínimos valorativos para que el estudiante pueda pasar al siguiente nivel; para la obtención del diploma que te acredita como psicólogo da lo mismo si sacas un 3 o un 5, cuando llegas al mercado laboral no te van a pedir tu record de notas, salvo que quieras pasar al siguiente nivel del negocio, lo que el sistema llama la educación postgradual, y ni así.

Aquí es importante subrayar que una vez se ha terminado el contrato entre las partes, el ahora nuevo “profesional” de la psicología es lanzado a la selva del mercado laboral a competir en una despiadada lucha en el que el más fuerte es el que mejor conectado esté, es decir el que más palancas tenga. En este punto por ejemplo empieza a pesar el prestigio de la marca que haya vendido el diploma. Y aunque sea duro reconocerlo, hay que ponerlo sobre la mesa; no es lo mismo un diploma de psicología “Made in Universidad de los Andes” a otro “Made in X, Y, Z” (no me atrevo a nombrar universidades porque no quiero herir el orgullo de mis colegas). Lo cierto es que como en el mercado de los celulares; hay diplomas de alta gama, media y flechitas. Y esto pesa a la hora de buscar empleo.

Es tanto el impacto que tiene esta realidad, que en el medio se habla de “lavar el diploma” es decir, cuando se hace un pregrado en una universidad de gama media o baja, se busca hacer un posgrado en una de alta gama para aumentarle el peso a la hoja de vida, o dicho de otra forma, para hacer mejores contactos, que es lo que más pesa en este juego, donde en muchos casos, la meritocracia brilla por su ausencia.

En este mundo de los psicólogos de diploma y por ende en el mundo de los psicólogos empleados, pesa mucho el lugar de donde hayas salido, marca la diferencia entre los que salen a mandar, o, a obedecer. Los primeros van directo para las multinacionales, a las ONGs internacionales, y caen parados en las altas esferas de la administración del Estado, porque no sólo se compra un titulo, sino también capital social, eufemismo para hacer referencia a las palancas, la rosca que llaman. A los demás les toca “pelarse el lomo” en las negreras empresas de selección de personal, o en instituciones de beneficencia que pagan salarios que a los pobres psicólogos poco les alcanza para vivir dignamente.

Esta es la cruda realidad. Con un agravante; se cree ilusoriamente que la única manera de escapar de los empleos esclavizantes es haciéndote un posgrado para “cualificar” tu hoja de vida e incrementar así tus posibilidades en esta cruenta batalla por la supervivencia laboral. Pero esto no es más que un caramelito que da lugar a un nuevo problema; la sobreperfilación. Entonces ocurre lo impensable; no te contratan porque estas sobreperfilado!!!! y lo que haces lo puede hacer un recién egresado por la mitad o menos de tus pretensiones salariales. Y ahí si como dirían las abuelas “empieza cristo a padecer”; porque las deudas acosan, el estrés enferma, la presión social y la competencia por el status tensiona, hasta llegar un momento en que la salud mental de quienes trabajan en salud mental termina quebrándose; angustia, soledad, depresión, tristeza. Oscuro panorama que muestra claramente como quedan atrapados en un circulo vicioso.

Cosa muy diferente ocurre con quienes comprendieron la lógica de ese perverso juego y optaron por aprehender a Hacer Psicología para construir su propio camino. Es decir, se dedicaron a trabajar.

Aquí la lucha entonces ya no es contra los demás colegas. Poco importa tener una hermosa hoja de vida o un palmares lleno de títulos comprados. Aquí lo que cuenta son las habilidades demostradas, la capacidad de construir un producto o diseñar un servicio. Aquí no se llega a un mercado laboral, aquí se crea un mercado alrededor de lo que se ofrece, aquí se crea una comunidad y sobre todo, aquí se lucha por una Causa.

Pero hay que ser sinceros, no todo es color de rosa. Al principio la batalla más dura es contra uno mismo. Contra tus dudas, tus inseguridades, tu falta de recursos económicos, la incredulidad de quienes te rodean y lo más importante: la carencia de habilidades afectivas, cognitivas y expresivas.

Ahora bien, ¿Qué se requiere para mantenerse en este camino?

Son muchos los que han intentado dar el salto, sin embargo, no son pocos los que han tenido que devolverse. Aquí lo difícil no es hacer el cambio sino mantenerse firme, en pie de lucha, convencido de su Causa. Esa confianza en Ti Mismo es clave, porque es el combustible que te sostiene, ese que no te dejar rendir, el que te recuerda permanentemente que la batalla es por la Autonomía, por gobernarte a ti mismo, por ser el dueño de tu destino, por elegir tus propias cadenas y no las impuestas por los condicionamientos biológicos y sociales a las cuales estamos sometidos sin ser conscientes de ellos.

Transitar por este camino requiere el cultivo y desarrollo de habilidades afectivas. Es importantísimo Autoconocerse; descubrir para que eres bueno, tomar conciencia de esas habilidades que tienes por allá escondidas y que puedes poner al servicio de tu Causa. También es clave Autovalorarse; ejercitarce en la evaluación de Ti mismo, ser sincero, no engañarte, reconocer tus carencias, tus fortalezas. Y más importante aún es Autoadministrarse; aprehender a manejar tus recursos psicológicos (vínculos, conocimientos y experiencias) y materiales (espacio, tiempo y metalico).

Una lección que se aprende en estas tierras es que el tiempo de un Trabajador es muy diferente al tiempo de un empleado. Empezando porque aquí no existe esa diferenciación entre el Trabajo y el “tiempo libre”, de hecho, no tenemos tiempo libre!!!! No podemos darnos esos lujos, sin embargo, si gozamos de Momentos de Ocio Creador, porque esos momentos en los que aparentemente estas haciendo cosas distintas a tu trabajo, tu cerebro sigue procesando información, por eso se disfruta de actividades lúdicas; del cine, del teatro, de caminar la calles, de visitar museos, de asistir a conferencias, centros culturales. Siempre estas consumiendo información y ésta la integras a tu trabajo. Nosotros por ejemplo, lo vemos todo desde el prisma de la Afectividad Humana y es sorprendente lo que se observa. No obstante, para lograr lo anterior es vital aprovechar el tiempo, ganarle la batalla a la pereza; por eso hay que levantarse temprano, disfrutar del despertar del día, cuando la motivación es intrínseca la mente es muy productiva.

Lo anterior en cuanto a lo afectivo, pero no basta con ello, es necesario cultivar y desarrollar habilidades cognitivas. Si quieres hacer psicología no le puedes hacer el quite a la lectura. Es obligatorio apasionarse por el estudio de nuestro campo. Como bien diría uno de mis grandes maestros Mihaly Csikszentmihalyi: “no se puede crear una novedad si no se domina el campo”, por eso hay que leer a la lata, y estar muy al tanto de las últimas novedades. Hoy por ejemplo en el campo de la psicología la brújula está apuntando hacia la Psicología Positiva, la Psicología Afectiva, las Neurociencias, la Psicología Evolucionista y la Teoría BioPsicoSocial de la Mente. Ahí está el futuro y en éstas corrientes estoy nadando.

Pero además de leer hay que escribir. Si no se escribe queda la tarea a medias. Ambos procesos deben llevarse a cabo sistemáticamente. No es suficiente leer por leer, hay que comprehender la ciencia del texto como diría Van Dijk. Y para dominar el proceso de la escritura es requisito afrontarlo como una necesidad y como un oficio permanente. Porque aprender a escribir es a la vez aprender a pensar crítica y creativamente.[1] En otras palabras, la escritura es tremendamente importante para el desarrollo del pensamiento critico y creativo.

Hacer psicología requiere aprehender a leer ciencia, a comprender el lenguaje de los científicos. Escribir requiere aprehender a conceptualizar, argumentar, elaborar categorías, a construir modelos conceptuales, en últimas a manejar el conocimiento como diseño y no como información como diría David Perkins.  Porque eso es lo que vendemos: Conocimiento. En nuestro caso, conocimiento sobre la Afectividad Humana. Y lo mejor del caso es que entre más leamos y escribamos, más conocimiento producimos, además es reciclable, reutilizable, tiene múltiples formas de combinación, su uso lo hace más complejo y por lo tanto más sofisticado. Y lo mejor es que se puede transmitir a través de diversos canales; virtuales y físicos. En fin, se entra en una espiral ascendente, en un círculo virtuoso que tarde o temprano terminará recompensándote con el mayor logro que un Trabajador puede alcanzar: su Autonomía en todos los sentidos de la palabra.

En las habilidades expresivas ubico el enseñar, hacer la transferencia de lo que vas aprehendiendo. Hay que cultivar y desarrollar la habilidad para hablar en publico (por eso en parte es que hago el ejercicio de Formar y Divulgar en los buses). Aquí la meta es convertirte en un convincente expositor; ser un maestro de la palabra, un artista, un hechicero, un apasionado encantador, un vendedor persuasivo -pero de los buenos-, no de otra forma lograras convencer a los demás de las bondades de lo que ofreces. Del poder de tu Causa.

Como podrás ver, ninguna de estas habilidades se cultiva ni se desarrollar en la Universidad. ¿Te enseñan a Autoconocerte, a Autovalorarte, a Autoadministrarte? Para nada. ¿Te enseñan a leer de verdad, a escribir de verdad? ¿A pensar? Para nada. ¿Te enseñan a enseñar, a hablar en público? ¿A convencer? ¿A vender? Para nada. Viéndolo bien, que costosos son esos diplomas que venden las instituciones universitarias actuales. Ese modelo de universidad está en vía de extinción. En los años venideros surgirán nuevos modelos cimentados en la síntesis entre la teoría y la práctica y sobre todo, en el cultivo y desarrollo de habilidades; por que no todo conocimiento desarrolla habilidades, pero el desarrollo de cualquier habilidad genera conocimiento.

Termino esta larga perorata (que escribí en la montaña, inspirado por la briza y el canto mañanero de los pájaros) con dos conclusiones o “derivadas” -como diría mi maestro Miguel De Zubiria– una de índole económica y otra psicológica.

Como somos psicólogos y no economistas, nos cuesta mucho comprender las inexorables leyes del mercado. Traigo a colación una de ellas para demostrar la diferencia entre emplearse como psicólogo gracias a un diploma y Trabajar haciendo psicología. Me refiero entonces a la famosa ley de la oferta y la demanda:

  • A mayor oferta, menor demanda.
  • A menor oferta, mayor demanda.

En lenguaje castizo y aplicado a nuestra reflexión esto quiere decir:

A mayor oferta de psicólogos que buscan emplearse gracias a un diploma comprando en una institucion universitaria, menor es la demanda de éstos. Por lo tanto, mayor es la competencia y más bajos son sus ingresos. ¿Por qué? Muy sencillo, pues porque hay muchos comensales, y eso no es lo peor, lo más grave es que cada semestre salen al mercado laboral cientos de psicólogos más y en un país como Colombia, la torta del empleo para los psicólogos no es ilimitada, entonces, entre mas hallan, menos comen y los que comen, acceden a una porción cada vez más pequeña.

La verdad es que esto es un negocio de suma cero en el cual los verdaderos ganadores son dos: los que venden los diplomas –las universidades- y los que se benefician de la sobreoferta  -los empleadores-, quienes se pueden dar el lujo de pagar bajos salarios a psicólogos desesperados por emplearse para sobrevivir, por acceder a las migajas del pastel y sin derecho a protestar porque son fácilmente reemplazables, para eso abundan.

Y como estamos en el país del sagrado corazón, no son pocos los que ingenua e ilusoriamente creen que esta situación se puede remediar con leyes, y posan ante el gremio como luchadores de una causa perdida. A estos cándidos personajes bien vale la pena recordarles una de las famosas leyes de Murphy: “Lo que está mal, tiende a empeorar”.

La segunda parte de la ley de la oferta y la demanda aplica perfectamente para los que hacemos psicología, los que Trabajamos. Veamos:

A menor oferta, mayor demanda.

Traducido esto quiere decir que entre más personas (jurídicas o naturales) demanden de los productos y servicios psicológicos que diseñemos  a partir de nuestras propias innovaciones conceptuales, más exclusiva es la oferta y por lo tanto más altos son los ingresos.

En otras palabras, un trabajador que hace psicología ya no compite por un empleo, trabaja por construir una comunidad de usuarios, multiplicadores y creadores que utilicen, distribuyan y creen productos, servicios y experiencias que contribuyan con la Salud Afectiva de la comunidad. Y entre más miembros tenga la comunidad, mayor es la riqueza psicológica (vínculos, conocimiento, experiencias) y material (tiempo, espacio y metalico).

Con una diferencia, la riqueza en el paradigma del empleo se concentra en unas pocas manos. El psicólogo empleado es el que hace la tarea, pero el empleador se queda con la mayor utilidad. Es decir, “trabajar” para enriquecer al dueño.

En cambio en el paradigma del Trabajo la riqueza se distribuye. Esto porque la comunidad crece gracias a sus miembros y entre más se trabaje al interior de la comunidad mayores son las utilidades para si mismos y para la comunidad en general; es un gana-gana, no un gano yo – pierdes tu, como ocurre en la otra orilla. En conclusión, se trabaja para enriquecer a la comunidad (psicológica y materialmente), a todos los que la conforman.

Y este punto lo conecto con la conclusión psicológica. Como ves, la riqueza no se da sólo en metálico, también se gana en otros recursos. La real posibilidad de establecer vínculos afectivos más sólidos, de ejercitarse en el desarrollo de habilidades afectivas, cognitivas y expresivas, de experimentar mayor disfrute, sentido de vida, propósito existencial, mejores relaciones interpersonales, con tu familia, tu pareja, tus amigos; mayor Autonomía, cohesion, en una sola palabra: Plenitud y esta redunda en salud, en Salud Afectiva.

¿Qué más se le puede pedir a la vida?

Así que, ¿quieres seguir siendo empleado y trabajar para los demás, aun a costillas de tu Salud Afectiva? o ¿Prefieres vencer el miedo y  aprehender a Trabajar y hacerlo para ti y por los demás, en beneficio de tu afectividad?

Como casi siempre….

Tú decides.


[1] Alvaro Díaz “La argumentación escrita” Editorial Universidad de Antioquia. Segunda edición, septiembre de 2002.

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