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UN DÍA EN LA VIDA DE UN FORMADOR AFECTIVO (Bitácora 4)

Barbara Fredrickson me enseñó que tardamos unos tres meses en aprehender un nuevo habito o hacer un cambio notable en nuestro estilo de vida.[1] Según esto me hacen falta 85 días para desarrollar el habito  de levantarme temprano, de empezar con el alba la lucha diaria en pro de la causa de la Formación Afectiva y con ella seguir alimentando la liberación progresiva del sistema.

Estoy haciendo un experimento sobre Positividad, con estas bitácoras pretendo retratar mi propia vida afectiva, reconstruirla día tras día para mostrarle a mi entorno cómo es la cotidianidad de un Formador Afectivo, de alguien que ha decidido entregar su existencia a una Causa.

Ayer en lugar de escribir la bitácora me dediqué a reflexionar sobre la infidelidad, tenía unas líneas acumuladas sobre el tema y cobraron vida para recordar y comunicar el mensaje de lo nocivo que es para la Salud Afectiva tener una amante, tarde casi dos horas escribiendo ese artículo y ahora caigo en cuenta que experimenté Flujo, no fue difícil el ejercicio, disfruté de la actividad, no sentí el paso del tiempo, ejercité la habilidad de escribir, de pensar; y tuve una retroalimentación inmediata: la satisfacción de haber escrito un nuevo artículo, de estar cumpliendo con el objetivo de producir intensamente en esta temporada. De modo que fue un momento de Positividad muy poderoso porque la producción intelectual requiere concentración, atención sostenida; la recompensa emocional es la alegría, el orgullo de obtener una nueva victoria contra la postergación y la pereza.

Ayer también se limaron las asperezas con la Mincha. Como toda pareja tenemos en ocasiones diferencias, nos tensionamos, nos exasperamos; no obstante, si para algo ha servido trabaja juntos en esta Causa de la Formación Afectiva, es para aprehender a solucionar adecuadamente nuestros conflictos.

Reflexionábamos con la Mincha sobre como los conflictos entre las parejas se acentúan debido a las diferencias de género, a la naturaleza BioPsicoSocial de hombres y mujeres; desconocer esta naturaleza es una de las razones por las que en muchos casos los conflictos de pareja son tan difíciles de resolver y lo triste es que cuando no se solucionan asertivamente, los conflictos se escalan y cada nueva diferencia va deteriorando el vínculo hasta un grado de desespero tal, que la separación se hace inevitable, se llega a un punto de no retorno.

La Mincha hacia énfasis en un hecho que quiero destacar: “no basta con conocer las diferencias de género, hay que comprehenderlas, interiorizarlas y actuar en consecuencia.” También es vital cultivar y desarrollar las habilidades afectivas necesarias para resolver constructivamente los conflictos. Quizá las dos más importantes: la asertividad la empatía.

Haber resuelto este reciente conflicto con la Mincha me devolvió la tranquilidad, tanto que dedique la tarde a divulgar  con entusiasmo en los Buses de esta ruidosa ciudad. ¿Sabes? Me siento inspirado, percibo e interpreto este acto de Formar en los Buses como una acción social, política, generacional. Como Sociedad estamos atrapados en un círculo vicioso de Violencia Intrafamiliar de una magnitud alarmante, motivo por el cual no se deben escatimar esfuerzos  para sensibilizar y Formar en todos los escenarios posibles; además he constatado que la mayoría de las personas son agradecidas y nos animan a seguir con la Causa, además de que nos apoyan con recursos, de hecho, muchos de los casos que hemos orientado han sido gracias a ese ejercicio. Por eso es que le tengo tanta Fe a este trabajo, porque satisface una necesidad humana, porque contribuye con la construcción de una mejora Sociedad. Además he acumulado cientos de horas hablando en público, destreza clave para divulgar este mensaje.

Después de la jornada de divulgación me esperaba otro momento de alegría. Esta vez proveniente de alguien que ya considero un amigo, una amistad en ciernes que cultivaremos asiduamente durante este año y ojalá el resto de la vida. Omar ha estado presente desde mis tiempo con El Altavoz, por allá en el 2007 (una aventura universitaria que me llevo a publicar un periódico estudiantil cuando estudiaba Derecho en la Católica). En varias ocasiones hemos intentado hacer algo y todo parece indicar que en esta oportunidad el camino se nos ha cruzado. Llegamos a un pequeño acuerdo, nosotros vamos abrirle un espacio en nuestros blogs para hacerle publicidad a su negocio y él nos ha patrocinado un paquete de folletos de los que distribuimos en los buses. Entiendo este acuerdo como una ayuda mutua y como la cuota inicial de otras futuras colaboraciones.

En conclusión, fue un día en el que cultivé Positividad en cinco de mis siete Escenarios de Interacción: en la mañana interactué con la Madre Naturaleza, Conmigo Mismo, después alimentamos la relación con la Mincha, luego me ejercite como Formador Afectivo en los Buses y al final del día estrechamos un lazo de amistad con Omar, una amistad basada en la reciprocidad.


[1] Barbara Fredrickson “Vida Positiva: Cómo superar las emociones negativas y prosperar” Bogotá, Grupo Editorial Norma, 2009.

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TENER UNA AMANTE ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD

Uno de los más potentes beneficios de cultivar la Positividad es que amplia nuestra mente. Alimentarse de Emociones Positivas nos permite tener una mayor apertura, poco a poco nos va liberando de las cadenas, de la tiranía de nuestros genes y nuestros memes.

Hoy voy a hablarte de una esclavitud; de un comportamiento que nuestra sociedad de consumo celebra y padece. Quizá mi postura sea políticamente incorrecta, incluso corre el riesgo de ser tildada de moralista y mojigata. Sin embargo, dados los problemas individuales, familiares y sociales que dicho fenómeno causa, bien vale la pena atreverse a reflexionar al respecto.

Empecemos pues por la tesis:

“Tener una amante es perjudicial para la salud”

Para no dar lugar a interpretaciones “romanticonas” del concepto, entiéndase por amante a la moza, querida, concubina, vacilón, arrocito en bajo, tinieblo, amigos especiales, etc…

¿Por qué es tan perjudicial para la salud mental y afectiva tener una amante?

En primer lugar, arranquemos con el componente biológico del fenómeno.

Quien se busca una amante esta ávido de experimentar emociones intensas. Al principio, la dopamina es la recompensa por alcanzar el objetivo, entonces sentimos un gran placer –efímero por demás-, pero detrás de éste –en la gran mayoría de los casos- viene la culpa y con ella el estrés, es decir, la cortisol liberada por las glándulas suprarrenales cuando estamos expuestos a algo que psicológicamente nos inquieta; esconder la pilatuna, inventar mentiras, planear coartadas. Todos estos actos demandan el gasto de una gran cantidad de energía psíquica, e inevitablemente activan otra emoción: el miedo a hallarnos descubiertos.

Psicológicamente hablando, se pone en evidencia la fragilidad afectiva de quienes participan de esta tragicomedia. Cuando una mujer se presta para el juego básicamente son varios los motivos que la mueven: una profunda soledad, una baja Autoestima, un pobre Autocuidado o en su defecto, el deseo de mejorar sus condiciones materiales a través de los recursos que le provee su interlocutor.

Los hombres buscan novedad y si es necesario pagar por ella, se hace. Aunque hoy en día tampoco es extraño ver hombres que también sucumben al metálico con damas maduras. En ambos casos se pone en evidencia su falta de Autogobierno.

A la larga esta es una dinámica que atrapa porque dichas relaciones se ven envueltas en una lógica de consumo, de usar y “tirar”, nos vamos convirtiendo en marionetas desechables, y esto, inevitablemente tarde o temprano pasa la cuenta de cobro.

Y aquí es donde entra el componente sociológico.

La infidelidad es la segunda causa de divorcio después de la infertilidad. Cuando explota la bomba aparece la tragedia; lo peor es que es una catástrofe psicológica cuyos daños colaterales dejan a su paso víctimas inocentes. Los más de ellos: nuestros hijos, a quienes decimos “amar”, por quienes aparentemente damos la vida; son ellos los que más sufren, son ellos lo que terminan pagando los platos rotos por nuestra incompetencia afectiva.

Cuando tenemos una amante no solamente engañamos a nuestra pareja, también a nuestros hijos y lo peor del caso: a nosotros mismos. Claro, somos muy hábiles para hallar excusas, construir sofisticadas justificaciones, como la que alguna vez le escuche a un actorcito mexicano: “se es infiel porque se busca por fuera lo que no hay en casa” falso!!!, yo diría más bien que se es infiel porque buscamos por fuera lo que no hay en nosotros mismos.

Desde que existimos como especie e incluso más atrás, la infidelidad ha estado siempre presente. No fuimos diseñados para ser monógamos por naturaleza, la promiscuidad viene programada en nuestros genes, esa es nuestra animalidad; pero la buena noticia es que podemos alterar esa programación, de hecho, es eso lo que nos hace humanos.

Aprehender a construir vínculos sanos, afectivamente estables, debería ser una apuesta de nuestra sociedad. Propósito que nos beneficia como individuos, pero también como parejas, padres, ciudadanos. Basta con revisar los datos de Medicina Legal para encontrar toda la cantidad de delitos relacionados con el solo hecho de tener una amante: crímenes pasionales, suicidios, violencia intrafamiliar, maltrato infantil y un largo etc.

Cuando una familia se rompe es como si un órgano de nuestro cuerpo se afectara, si es verdad que las sociedades son sistemas complejos, quiere decir que éstas también se enferman, desarrollan patologías sociales y el origen de muchas de esas patologías está precisamente en las familias rotas, en los hijos que se quedan sin padres, sin tutores afectivos, sin adultos equilibrados que los preparen para sobrevivir, vivir y convivir, quedando así como casi seguros candidatos a engrosar las filas de los denominados antisociales: adictos, asesinos, suicidas, ladrones, delincuentes de todo tipo, desde el más callejero, hasta el más encopetado de cuello blanco. ¿No lo vemos a diario en las noticias? ¿No sientes Tú los efectos?

Por todo lo anterior y por muchos motivos más que poco a poco iremos desarrollando, es que tener una amante es perjudicial para la  salud, no sólo del individuo, sino de la familia y la sociedad en general.

Por eso es que no voy a tener una amante y como bien dirían los Talentosos de Shakira y Alejandro Saenz:

“Te lo agradezco, pero no”

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