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¿PREOCUPARNOS U OCUPARNOS?

¿Por qué nos preocupamos? ¿Qué es lo que nos quita el sueño? ¿Qué es lo que se apodera de nuestra mente y nos pone a pensar? He llegado a la conclusión que preocuparse es perjudicial para la salud, lo  más sano es ocuparse.

La preocupación es prima-hermana de la inquietud. Cuando un “problema” te da vueltas en la cabeza te llenas de ansiedad, te pones inquieto, no hallas que hacer; y esto puede resultar bastante peligroso, porque si te descuidas, corres el riesgo de quedar atrapado en un Circulo Vicioso. Las preocupaciones te llevan a tener pensamientos negativos, éstos, a experimentar emociones negativas, y la mezcla de ambos necesariamente repercute sobre nuestro comportamiento. Inevitablemente nuestras acciones son más erradas, nuestro desempeño en nuestros Roles Vitales se afecta y llega la baja en la Autoestima, se apodera de ti el estrés, empieza el cortisol a hacer estragos en tu sistema inmunológico y así sucesivamente. Atrapados y con la angustiosa sensación de hallarse en un callejón sin salida.

Quizá, de los Escenarios de Interacción, el que más puede llegar a preocuparnos es el Trabajo. Este escenario exige  el despliegue de Habilidades Psicológicas que de no tenerlas cultivadas puede traernos serias complicaciones en la vida. Pienso en estos momentos por ejemplo en el Autogobierno. Según lo relata un experto en estos temas: “en el trabajo, la demostración máxima de responsabilidad personal puede ser tomar el mando de nuestro propio estado de animo. El humor ejerce una atracción poderosa sobre el pensamiento, la memoria y la percepción. Cuando estamos enojados recordamos con más facilidad los incidentes que apoyan nuestra ira, los pensamientos se concentran en el objeto de nuestro enojo y la irritabilidad altera de tal modo nuestra visión del mundo que un comentario benigno puede parecernos hostil. Resistirse a esta despótica cualidad del humor es esencial para trabajar productivamente.”[1]

Tomar el mando sobre nuestro estado de ánimo significa Autodominarse. Y otro ejemplo habitual es el manejo del tiempo: “para respetar un horario cotidiano se requiere Autodominio, así sólo sea para resistir las demandas que parecen urgentes -aunque en realidad son triviales- o la carnada de los placeres y las distracciones que nos hacen perder tiempo.”[2]

Y esa perdida de tiempo, mas el sucumbir a los embates de la ira, es lo que nos va desgastando psicológicamente, hasta llevarnos a la preocupación crónica. Este tipo de preocupación se manifiesta como una sensación de impotencia, la cual “con respecto a las presiones laborales es perniciosa por si sola. Entre empleados y pequeños comerciantes, los que tienen una fuerte sensación de manejar lo que les sucede en la vida tienden a enojarse, deprimirse o agitarse menos cuando se enfrentan a conflictos y tensiones en el trabajo, pero quienes se sienten faltos de control son más propensos a inquietarse y hasta renunciar.”[3]

El Escenario Trabajo puede ser una fuente de mucha satisfacción en nuestra vida. Sin embargo, cuando se nos sale de las manos la preocupación que entraña el sentir que no estamos siendo productivos o que estamos teniendo muchas dificultades con las personas que interactuamos en este escenario, puede incluso llegar a enfermarnos. Sobre este particular, se ha encontrado que tener dificultades con un superior causa el estrés suficiente para disminuir la resistencia inmunológica. De hecho, en los vínculos anatómicos recientemente descubiertos entre el cerebro y el cuerpo, que conectan el estado mental con la salud física; los centros emocionales desempeñan el papel crítico, pues tienen la red más rica en conexiones con el sistema inmunológico y el cardiovascular. Estos vínculos biológicos explican por qué los sentimientos inquietantes (tristeza, frustración, enojo, tensión, ansiedad intensa) duplican el riesgo de que un cardiaco pueda experimentar una peligrosa disminución del flujo de sangre al corazón a pocas horas de haber experimentado esos sentimientos. Estas disminuciones pueden, en ocasiones, provocar un ataque cardiaco.[4]

Ante este gris panorama la realidad es una sola y está muy clara. Para salir de ese dañoso Circulo Vicioso de la preocupación, debemos, o más bien, tenemos que dejar de pre-ocuparnos y en su lugar, OCUPARNOS en la solución de esas inquietudes que no nos dejan estar tranquilos. Desde la Formación Afectiva, dicha solución pasa por el cultivo y practica de Habilidades Psicológicas que nos ayudan a ingresar en un Circulo Virtuoso de una mayor Productividad Personal y un manejo adecuado de nuestros estados de ánimo.

Así las cosas, lo primero que debemos hacer es ejercitarnos en el habito de ser conscientes de nuestras emociones. Incluso, “el solo hecho de traer a la conciencia los sentimientos ocultos puede tener efectos saludables”[5]. Una Habilidad Psicológica como el Autoconocimiento “resulta ser una habilidad clave para manejar el estrés. Cuanto mejor podamos monitorear nuestras alteraciones emocionales, mas rápido nos recuperaremos de la inquietud.”[6]

Las personas mas hábiles para manejar la inquietud –y por ende la preocupación- suelen utilizar alguna técnica a la que recurren cuando es necesario. Ya sea un largo baño, un rato de ejercicio físico o una sesión de yoga.[7] En mi caso personal es escribir. He tomado conciencia que escribir me relaja, me hace sentir que he aprovechado el tiempo, que he sido productivo y cuando experimento esto, las demás actividades las llevo a cabo con mayor tranquilidad y efectividad. Como Formar en los buses por ejemplo.

Contar con uno de esos métodos de relajación no nos salvará de sentirnos nerviosos e inquietos de vez en cuando. Pero la practica cotidiana regular parece reacomodar el punto de activación de la amígdala, haciéndola menos fácil de provocar. Este ejercicio de reacomodamiento neural nos brinda la capacidad de recobrarnos con mas celeridad de los asaltos de la amígdala, además de tornarnos menos propensos a ellos. El resultado neto es que somos menos susceptibles a la inquietud – y por lo tanto a la preocupación- y sus ataques son más breves.[8]

En conclusión, ser hábil psicológicamente es pre-ocuparse menos y ocuparse mas. ¿No crees? Te dejo un abrazo y si quieres aprehender Habilidades Psicológicas, aquí nos puedes encontrar. Hemos dedicado el 100% de nuestras vidas a su estudio, cultivo y desarrollo, de modo que con mucho gusto te podemos compartir lo que hemos aprehendido.

Montañas de Soacha, 2:30pm


[1] Daniel Goleman “La Inteligencia Emocional en la Empresa” Editorial Vergara. Buenos Aires, 2000, pag 113.
[2] Ibid pag 112
[3] Ibid pag 114
[4] Ibid pag 115
[5] Ibid
[6] Ibid pag 116
[7] Ibid
[8] Ibid
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